AGRI-
- Pasar una semana con todos vosotros,y que a pesar de estar muy unida a ti sigamos estancados en la fase de amistad
- Darme cuenta de que almenos por un largo tiempo será así.
- Escucharte decir mil veces de mil maneras distintas que no quieres nada serio con nadie.
- Que me digas que eres un golfo y que quieres "disfrutar de la vida"
- Ver cómo miras a otras chicas.
- Tenerte tan cerca y a la vez tan lejos.
- Verte enfadado de verdad por primera vez, y llevarme una mala contestación de rebote.
- Llorar porque la otra noche desapareciste con una chica, aunque luego fuera falsa alarma.
- El miedo que tengo a que descubras lo que siento de verdad y perderte.
- No poder dejar de pensar en ti
- Que me digas que soy tu mejor y única amiga (otra vez)
- Quererte un poco más.
-DULCE
- Dormir en tu casa toda la semana.
- Pasar día y noche contigo.
- Que sonrias y se te ilumine la cara cuando llego.
- Que me digas que cuando no estoy, no es igual.
- Echarnos cientos de risas hasta que nos duela la tripa literalmente.
- Que te dé envidia que llame a otros y no a ti.
- Que me digas que me quieres.
- Verte enfadado por primera vez, y darme cuenta de que en el fondo eres un cordero con piel de lobezno.
- Que te durmieras en mi hombro.
- Que me digas que huelo bien
- Que huelas tan bien.
- Meterme contigo y que te metas conmigo.
- Que me digas que me quieres.
- Tener un momento de confesiones, y hablar de intimidades.
- Que me calientes los pies bajo las sábanas.
- Ponerme tu ropa en casa
- El contacto de tu piel.
- Hablar contigo de "Friends".
- Que me escribas de madrugada para decirme que te falta algo porque no estoy.
- Que me digas que me quieres.
- Que me llames tu "queso"
- No poder dejar de pensar en ti
- Que me digas que soy tu mejor y única amiga (otra vez).
- Quererte un poco más.
miércoles, 20 de agosto de 2008
lunes, 11 de agosto de 2008
Sigue nadando! sigue nadando! sigue nadando, nadando, nadando...
jueves, 24 de julio de 2008
...a mi que nada se me olvida
Me he convencido de que nunca estaremos juntos. Por eso, he intentado olvidarte. He buscado nuevas expectativas, nuevas ilusiones, nuevas tensiones. Y las he encontrado.
"Sólo somos amigos" me he repetido mil veces, aunque desde hace mucho tiempo no actuamos como tal. Y ya ves, he llegado a besar otros labios delante de ti, cuando los únicos que quería besar eran los tuyos.
Pero lo siento, esto se acabó, hay algo que debes saber: hoy me olvidaré de olvidarte.
Y es que hoy dormiré apoyada en tu hombro en un coche camino a Alicante, y no puedo parar de contar las horas. Hoy recuerdo que hace unos meses soñé con compartir el techo de mi tienda de campaña contigo. Y amigo, esta vez no te me escapas.
El que avisa no es traidor ;)
"Sólo somos amigos" me he repetido mil veces, aunque desde hace mucho tiempo no actuamos como tal. Y ya ves, he llegado a besar otros labios delante de ti, cuando los únicos que quería besar eran los tuyos.
Pero lo siento, esto se acabó, hay algo que debes saber: hoy me olvidaré de olvidarte.
Y es que hoy dormiré apoyada en tu hombro en un coche camino a Alicante, y no puedo parar de contar las horas. Hoy recuerdo que hace unos meses soñé con compartir el techo de mi tienda de campaña contigo. Y amigo, esta vez no te me escapas.
El que avisa no es traidor ;)
jueves, 10 de julio de 2008
Siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo

Hay algo de mí que aún no os he contado: lo confieso, soy de lágrima fácil. Muy fácil. Soy de ese tipo de personas que lloran con tópicos como la muerte de la madre de Bambi, las bodas, o el último capítulo de Friends. Digamos que soy "sensiblona" como me llamaba R (sí, el mismo R de la "primera casualidad"). O que soy una llorona vamos.
Esto explica que la gente que me conoce la mayoría de las veces no se inmute cuando me ve moqueando desconsolada. Y bueno, no es que eso me parezca bien (porque joder, a veces lloro con razón ¿vale?) pero reconozco que en muchas ocasiones se agradece. Y es que cuando lloriqueo porque se muere un perro en una película, o porque me emociona una canción, o porque veo un gesto bonito entre dos personas, no me gusta que me miren. Cuando lo hacen, me cabreo.
Sobre todo odio cuando me miran con cara de pena, de esas con la cabeza un poco ladeada y una media sonrisa que dice"ooohhh, pobrecilla", y cuando después me intentan ¿consolar?.
Lo más común en esos casos es que me entren ganas de decir algo así como "Sí, estoy llorando ¿qué **** pasa?! ¿Te miro yo a ti?" y que al final diga algo así como "...no te preocupes, estoy bien...gracias" con un tono seco que la gente no suele captar (¿cómo lo van a captar? si en ese momento eres la pobre-chica-blandita-vulnerable-que-necesita-inevitablemente-su-ayuda).
Lo malo es que en los momentos importantes, lo que algunas personas no entienden, es que llorar no signfica que no seas fuerte. Llorar no es lo mismo que ser blanda. Llorar no es sinónimo de que deban evitarte lo que te haga daño. Todos tenemos el mismo derecho a sufrir, a afrontarlo y a aprender de ello.
Y llorar simplemente es una forma de expresar lo que otros llevan por dentro. Yo me hundo, lloro, me desahogo, levanto la cabeza y tiro para delante. Y nadie me verá hacer un puchero fuera de lugar. Cuando hay que guardar la compostura y ofrecer una mano firme, no me tiembla el pulso ni se me humedecen los ojos. Pero eso sólo lo sabe la gente que me conoce.Los mismos que saben que simplemente, soy una llorona.
En fin, que todo este razonamiento filosófico ha empezado porque hoy he visto el concierto de Shakira en Rock in Rio y se me ha caído el alma a los pies por no haber podido ir. Ha llorado la pequeña Isis que conoció a Shakira a los 11 años, cuando la mayoría de la gente ni había oído hablar de ella. Y ha llorado la Isis de ahora, a la que se le han puesto los dientes largos al verla bailar danza oriental, al escuchar mezclas de Hossam Ramzy con "Ojos así", al oír "Hay Amores" dedicada a Gabriel García Márquez y a Ingrid Betancourt, al escuchar la mítica "Pies descalzos", al recordar la época en la que me sentí identificada con "Don´t bother", etc etc etc etc. Aaaaiisss...
Sé que hay cosas peores, que no es un motivo para llorar. Pero ¿qué puedo hacer? ya os lo he dicho, soy de lágrima fácil :)
Esto explica que la gente que me conoce la mayoría de las veces no se inmute cuando me ve moqueando desconsolada. Y bueno, no es que eso me parezca bien (porque joder, a veces lloro con razón ¿vale?) pero reconozco que en muchas ocasiones se agradece. Y es que cuando lloriqueo porque se muere un perro en una película, o porque me emociona una canción, o porque veo un gesto bonito entre dos personas, no me gusta que me miren. Cuando lo hacen, me cabreo.
Sobre todo odio cuando me miran con cara de pena, de esas con la cabeza un poco ladeada y una media sonrisa que dice"ooohhh, pobrecilla", y cuando después me intentan ¿consolar?.
Lo más común en esos casos es que me entren ganas de decir algo así como "Sí, estoy llorando ¿qué **** pasa?! ¿Te miro yo a ti?" y que al final diga algo así como "...no te preocupes, estoy bien...gracias" con un tono seco que la gente no suele captar (¿cómo lo van a captar? si en ese momento eres la pobre-chica-blandita-vulnerable-que-necesita-inevitablemente-su-ayuda).
Lo malo es que en los momentos importantes, lo que algunas personas no entienden, es que llorar no signfica que no seas fuerte. Llorar no es lo mismo que ser blanda. Llorar no es sinónimo de que deban evitarte lo que te haga daño. Todos tenemos el mismo derecho a sufrir, a afrontarlo y a aprender de ello.
Y llorar simplemente es una forma de expresar lo que otros llevan por dentro. Yo me hundo, lloro, me desahogo, levanto la cabeza y tiro para delante. Y nadie me verá hacer un puchero fuera de lugar. Cuando hay que guardar la compostura y ofrecer una mano firme, no me tiembla el pulso ni se me humedecen los ojos. Pero eso sólo lo sabe la gente que me conoce.Los mismos que saben que simplemente, soy una llorona.
En fin, que todo este razonamiento filosófico ha empezado porque hoy he visto el concierto de Shakira en Rock in Rio y se me ha caído el alma a los pies por no haber podido ir. Ha llorado la pequeña Isis que conoció a Shakira a los 11 años, cuando la mayoría de la gente ni había oído hablar de ella. Y ha llorado la Isis de ahora, a la que se le han puesto los dientes largos al verla bailar danza oriental, al escuchar mezclas de Hossam Ramzy con "Ojos así", al oír "Hay Amores" dedicada a Gabriel García Márquez y a Ingrid Betancourt, al escuchar la mítica "Pies descalzos", al recordar la época en la que me sentí identificada con "Don´t bother", etc etc etc etc. Aaaaiisss...
Sé que hay cosas peores, que no es un motivo para llorar. Pero ¿qué puedo hacer? ya os lo he dicho, soy de lágrima fácil :)
jueves, 3 de julio de 2008
Zorra apaleada

Para ella sólo existían dos tipos de hombres: los que no la merecían, y aquellos a los que no podía alcanzar.
Se pasó la vida rechazando y dañando a hombres que, a su parecer, no le llegaban ni a la suela del zapato. Mientras que entre uno y otro se dejaba torear por quienes más deseaba tener: los que pensaba que eran demasiado para ella.
Los primeros sufrieron su orgullo y su perfil más altivo. Les hizo todo aquello que la destrozaba cuando ella era la víctima, y jugó con ellos hasta aburrirse con todos y cada uno ¿Qué más daba?: No eran nada para ella. Fue tan cruel, que poco a poco y a pulso, se ganó uno de los calificativos más usados contra las mujeres: con todas las letras, era una zorra.
Los segundos la eclipsaban de tal manera desde su punto de vista, que a su lado se sentía un gorrión. Pequeña, marrón, insignificante, una más. Les seguía allá donde iban, hacía todo lo que le decían, si les faltaba el aire iba corriendo a llevárselo. Mostraba tanto servilismo y tan poca personalidad, que tanto los buenos como los malos terminaron abandonándola, ignorándola, engañándola, apaleándola. A algunos de estos hombres, ni siquiera se atrevió a acercarse jamás. ¿Para qué? No era suficiente para ellos
Ahora, cuando se mira en el espejo, y mientras se desmaquilla pasando el algodón lentamente por todas las arrugas que los años han hecho aparecer en su cara, ve una mujer desconocida. Se pregunta dónde ha quedado su vida, y cómo será el amor, y llora en soledad cuando se da cuenta de lo que ha sido y lo que siempre será: una zorra apaleada
Se pasó la vida rechazando y dañando a hombres que, a su parecer, no le llegaban ni a la suela del zapato. Mientras que entre uno y otro se dejaba torear por quienes más deseaba tener: los que pensaba que eran demasiado para ella.
Los primeros sufrieron su orgullo y su perfil más altivo. Les hizo todo aquello que la destrozaba cuando ella era la víctima, y jugó con ellos hasta aburrirse con todos y cada uno ¿Qué más daba?: No eran nada para ella. Fue tan cruel, que poco a poco y a pulso, se ganó uno de los calificativos más usados contra las mujeres: con todas las letras, era una zorra.
Los segundos la eclipsaban de tal manera desde su punto de vista, que a su lado se sentía un gorrión. Pequeña, marrón, insignificante, una más. Les seguía allá donde iban, hacía todo lo que le decían, si les faltaba el aire iba corriendo a llevárselo. Mostraba tanto servilismo y tan poca personalidad, que tanto los buenos como los malos terminaron abandonándola, ignorándola, engañándola, apaleándola. A algunos de estos hombres, ni siquiera se atrevió a acercarse jamás. ¿Para qué? No era suficiente para ellos
Ahora, cuando se mira en el espejo, y mientras se desmaquilla pasando el algodón lentamente por todas las arrugas que los años han hecho aparecer en su cara, ve una mujer desconocida. Se pregunta dónde ha quedado su vida, y cómo será el amor, y llora en soledad cuando se da cuenta de lo que ha sido y lo que siempre será: una zorra apaleada
jueves, 12 de junio de 2008
Mil cosas espléndidas...

...o cosas que me han gustado (mucho) estos últimos días:
- Leer "Mil soles espléndidos", de Khaled Hosseini. Y emocionarme tanto con el libro hasta acabar metiéndome dentro y llorar desconsolada con sus personajes.
- Descubrir "It's a hard rain's a gonna-fall" de Bob Dylan. Y encontrar en ella una canción con una gran letra, y un puntito en común con mi padre.
- Volver a oír "La tormenta llegará" de Amaral. Y esta vez escucharla bien.
- Ver "Va a ser que nadie es perfecto". Y tropezarme con una película genial que no me esperaba. Que no será perfecta, pero sí muy buena.
- Empaparme de "Gato negro-Dragón rojo", el nuevo cd de Amaral. Y morirme de ganas de que llegue el día de su concierto.
- Ver el anuncio de Endesa "Por los hijos de tus hijos". Y notar como un anuncio me toca el corazoncito, aunque en el fondo siga siendo publicidad.
- Darme un respiro momentáneo en la biblioteca para recordar besos pasados y pensar en los que están por venir.
- Encontrarme con R después de unos meses. Y por primera vez creer en la posibilidad de llegar a ser algo parecido a amigos.
- Hablar con L sin parar por teléfono, y sentir esa conexión que sólo se consigue con alguien con quien tienes mucha confianza...o con tu pareja.
- Que la princesita me diga que luche por lo que quiero. Y plantearme seriamente hacer caso a sus sabias palabras.
- Leer "Mil soles espléndidos", de Khaled Hosseini. Y emocionarme tanto con el libro hasta acabar metiéndome dentro y llorar desconsolada con sus personajes.
- Descubrir "It's a hard rain's a gonna-fall" de Bob Dylan. Y encontrar en ella una canción con una gran letra, y un puntito en común con mi padre.
- Volver a oír "La tormenta llegará" de Amaral. Y esta vez escucharla bien.
- Ver "Va a ser que nadie es perfecto". Y tropezarme con una película genial que no me esperaba. Que no será perfecta, pero sí muy buena.
- Empaparme de "Gato negro-Dragón rojo", el nuevo cd de Amaral. Y morirme de ganas de que llegue el día de su concierto.
- Ver el anuncio de Endesa "Por los hijos de tus hijos". Y notar como un anuncio me toca el corazoncito, aunque en el fondo siga siendo publicidad.
- Darme un respiro momentáneo en la biblioteca para recordar besos pasados y pensar en los que están por venir.
- Encontrarme con R después de unos meses. Y por primera vez creer en la posibilidad de llegar a ser algo parecido a amigos.
- Hablar con L sin parar por teléfono, y sentir esa conexión que sólo se consigue con alguien con quien tienes mucha confianza...o con tu pareja.
- Que la princesita me diga que luche por lo que quiero. Y plantearme seriamente hacer caso a sus sabias palabras.
martes, 10 de junio de 2008
SOS
Socorro!!!! Me encuentro a 2 exámenes de ser "fisioterapeuta diplomada" (madre mía, cómo suena...) y concretamente a menos de 9 horas del primero de ellos.
Para ser más exactos se trata del examen de la genial y maravillosa asignatura "Ortoprótesis": corsés, fajas, plantillas, férulas, prótesis de piernas y brazos, sillas de ruedas... y un largo y horrible etcétera ¡¡ No puedo más!!!
Y no es que no me parezca útil y necesaria la asignatura...pero es que cosa más infumable no me he encontrado en la vida.
Estudiarla aburre y amarga a cualquiera, así que lo único que me alegra los días de estudio es encontrarme con V en la biblioteca, hablar con él un ratito en algún descanso, y verle tan mono y tan (ir)responsable como en el curro, con sus apuntes ordenaditos haciendo que estudia, y echándonos miraditas de vez en cuando... aaaay :)
Pero bueno, a dejar de soñar!! que lo que toca hacer ahora es ponerme a echar el último repasazo (que me hace falta...) y esperar tener suerte mañana. Ojalá consiga quitarme de encima la puñetera asignaturita para no volverla a estudiar nunca más, y sobre todo asegurar así que mi futuro fisioterápico quede a una única y sola asignatura...uf qué vértigo!!
Para ser más exactos se trata del examen de la genial y maravillosa asignatura "Ortoprótesis": corsés, fajas, plantillas, férulas, prótesis de piernas y brazos, sillas de ruedas... y un largo y horrible etcétera ¡¡ No puedo más!!!
Y no es que no me parezca útil y necesaria la asignatura...pero es que cosa más infumable no me he encontrado en la vida.
Estudiarla aburre y amarga a cualquiera, así que lo único que me alegra los días de estudio es encontrarme con V en la biblioteca, hablar con él un ratito en algún descanso, y verle tan mono y tan (ir)responsable como en el curro, con sus apuntes ordenaditos haciendo que estudia, y echándonos miraditas de vez en cuando... aaaay :)
Pero bueno, a dejar de soñar!! que lo que toca hacer ahora es ponerme a echar el último repasazo (que me hace falta...) y esperar tener suerte mañana. Ojalá consiga quitarme de encima la puñetera asignaturita para no volverla a estudiar nunca más, y sobre todo asegurar así que mi futuro fisioterápico quede a una única y sola asignatura...uf qué vértigo!!
lunes, 26 de mayo de 2008
Habibi ya nur el ain

-Baila para mí - le pidió mirándola fijamente.
Y ella supo que ese era el momento. Hace muchos años, mucho antes de que empezara a bailar , leyó en el libro "Eva Luna" de Isabel Allende, que la danza oriental sólo debe ser bailada delante del hombre amado. Es un ritual de entrega que sólo debe compartirse con aquel a quien perteneces y te pertenece. Y aunque ella ya había actuado delante de cientos de personas, supo que ese era el momento de bailar de verdad, de bailar sólo para él. Como únicamente lo hacía cuando estaba sola.
Iluminada por una luz tenue, y oculta tras un velo rojo que sólo dejaba al descubierto sus ojos y sus pies, le miró con intensidad. La música empezó a sonar, y ella comenzó a moverse sutilmente, despacio, no tenía prisa. Poco a poco fue apartando el velo con suaves movimientos, dejando ver su cara, su cuerpo y su vientre. Bailaba al ritmo de la música, describiendo ochos con las caderas, círculos con el pecho, serpientes con los brazos...Todo era dulce, continuado, insinuante. Y él comenzó a sentirse hechizado. La música llenó la habitación, y la presencia de la bailarina eclipsó todo lo que había alrededor. Sólo la veía a ella
Ella cada vez estaba más entregada. Derrochaba pasión en cada paso, en cada gesto. Su cara reflejaba todo lo que la música le hacía sentir, y él pensó que eso era lo más bello que había visto nunca. El ritmo de la canción aumentaba, disminuía, cambiaba, y ella combinaba golpes fuertes y enérgicos de cadera y hombros, con la suavidad de otros movimientos. Improvisaba, se sentía libre, bailaba cada nota de cada instrumento. Era parte de la música. Él no podía dejar de mirarla: su cuerpo, los ojos negros, los labios rojos, su pelo suelto. La falda volaba mientras ella giraba y giraba, y él pudo ver cómo unas gotitas de sudor resbalaban por su espalda. Quería tocarla, la deseaba, pero la magia del momento le aferraba al sofá. Ahora ella no era ella, no estaba allí bailando en frente de él; estaba lejos, como en un sueño. Podía verla, pero no podía alcanzarla.
Poco a poco la música empezó a revelar que se acercaba a su fin. Ella bailó y bailó hasta el último segundo, y en el golpe final de darbuka, terminó tumbada en el suelo, respirando extasiada, mientras su pecho subía y bajaba, los ojos aún fijos en él.
Él no pudo evitar dejar escapar una lágrima. Sabía que ella acababa de entregarse como nunca lo había hecho con nadie. Había disfrutado de lo que más la llenaba delante dé él, sin reservas, y el sabía que ese era un regalo que nunca podría igualar. También sabía que ninguno de los dos olvidaría jamás esa noche. Pero sobre todo sabía que nunca la había querido tanto como en ese momento.
Y ella supo que ese era el momento. Hace muchos años, mucho antes de que empezara a bailar , leyó en el libro "Eva Luna" de Isabel Allende, que la danza oriental sólo debe ser bailada delante del hombre amado. Es un ritual de entrega que sólo debe compartirse con aquel a quien perteneces y te pertenece. Y aunque ella ya había actuado delante de cientos de personas, supo que ese era el momento de bailar de verdad, de bailar sólo para él. Como únicamente lo hacía cuando estaba sola.
Iluminada por una luz tenue, y oculta tras un velo rojo que sólo dejaba al descubierto sus ojos y sus pies, le miró con intensidad. La música empezó a sonar, y ella comenzó a moverse sutilmente, despacio, no tenía prisa. Poco a poco fue apartando el velo con suaves movimientos, dejando ver su cara, su cuerpo y su vientre. Bailaba al ritmo de la música, describiendo ochos con las caderas, círculos con el pecho, serpientes con los brazos...Todo era dulce, continuado, insinuante. Y él comenzó a sentirse hechizado. La música llenó la habitación, y la presencia de la bailarina eclipsó todo lo que había alrededor. Sólo la veía a ella
Ella cada vez estaba más entregada. Derrochaba pasión en cada paso, en cada gesto. Su cara reflejaba todo lo que la música le hacía sentir, y él pensó que eso era lo más bello que había visto nunca. El ritmo de la canción aumentaba, disminuía, cambiaba, y ella combinaba golpes fuertes y enérgicos de cadera y hombros, con la suavidad de otros movimientos. Improvisaba, se sentía libre, bailaba cada nota de cada instrumento. Era parte de la música. Él no podía dejar de mirarla: su cuerpo, los ojos negros, los labios rojos, su pelo suelto. La falda volaba mientras ella giraba y giraba, y él pudo ver cómo unas gotitas de sudor resbalaban por su espalda. Quería tocarla, la deseaba, pero la magia del momento le aferraba al sofá. Ahora ella no era ella, no estaba allí bailando en frente de él; estaba lejos, como en un sueño. Podía verla, pero no podía alcanzarla.
Poco a poco la música empezó a revelar que se acercaba a su fin. Ella bailó y bailó hasta el último segundo, y en el golpe final de darbuka, terminó tumbada en el suelo, respirando extasiada, mientras su pecho subía y bajaba, los ojos aún fijos en él.
Él no pudo evitar dejar escapar una lágrima. Sabía que ella acababa de entregarse como nunca lo había hecho con nadie. Había disfrutado de lo que más la llenaba delante dé él, sin reservas, y el sabía que ese era un regalo que nunca podría igualar. También sabía que ninguno de los dos olvidaría jamás esa noche. Pero sobre todo sabía que nunca la había querido tanto como en ese momento.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
